Nuestro Nombre: El mito de las Hespérides


En torno al Jardín de las Hespérides confluyen tres mitos: el de las propias Hespérides, el de Atlas o Atlante, y el de Heracles (o Hércules) en su XI Trabajo, que es quien, en definitiva, los enlaza en la mitología griega.
Las Hespérides son las hijas de la Noche (en la teogonía de Hesiodo) o de Atlas (en otras versiones posteriores). En un jardín del remoto Occidente poseían el regalo de bodas de Gea (la Madre Tierra) a Hera, es decir, las fabulosas manzanas de oro, custodiadas por un dragón (o serpiente, según las fuentes), llamado Ladón.
Atlas o Atlante, es uno de los Titanes, que se rebelaron contra los dioses. Por ese motivo es condenado, en el extremo del mundo, a sostener eternamente la bóveda del cielo. De su unión con Hespéride, hija de Héspero (el lucero del atardecer, es decir, el planeta Venus), nacieron las tres Hespérides que guardan el jardín, situado en la falda de la montaña donde se encuentra Atlas condenado.
Heracles, el gran héroe griego, tuvo relación con nuestras tierras del extremo Occidente en dos ocasiones. En el X Trabajo, con los ganados de Gerión, y en el XI con las manzanas de oro.
En este último trabajo (penúltimo de los doce que tuvo que ejecutar para Euristeo) la misión encomendada era la de robar tres de esas manzanas. Heracles, quien ni siquiera sabía en qué dirección se hallaba el Jardín de las Hespérides, hubo de realizar un larguísimo peregrinar por los confines del mundo griego para recabar información. La consigue a través del dios marino oracular Nereo, que habitaba en el río Po, y de otro de los Titanes castigados, Prometeo, hermano de Atlas. Éste le aconse jó a Heracles que no arrancara las manzanas personalmente sino que emplease a Atlas como su ejecutor, aliviándole, mientras tanto, de su fantástica carga. Al llegar a su destino, Atlas acepta el ruego de Heracles, siempre que éste eliminase al terrible Ladón, que guardaba las manzanas. Acción que el héroe realiza disparando una certera flecha por encima de la pared del Jardín, para, a continuación, coger sobre sus espaldas el peso del globo celestial, mientras Atlas se aleja para volver con las tres manzanas, arrancadas por sus hijas del árbol. Otras versiones eliminan el protagonismo del Titán, para entregárselo totalmente a Heracles. Una vez en posesión de las manzanas de oro, el héroe griego las llevó fielmente a Euristeo en Micenas. Dichas manzanas fueron restituidas, finalmente, al Jardín de donde habían salido, por la diosa Atenea, pues la ley divina prohibía que aquellos frutos pudiesen estar en ningún otro lugar.
Es lógico que, en los relatos griegos conservados,las Hespérides queden siempre desdibujadas, como un simple telón de fondo de la historia del héroe griego, por antonomasia. Es difícil, por tanto, matizar con nitidez sus perfiles.
Es claro que son las ninfas del Ocaso, por eso habitan en el Occidente extremo, no lejos de la Isla de los Bienaventurados, al borde del Océano. A medida que los griegos fueron conociendo mejor el mundo occidental, se fue precisando el emplazamiento del país de las Hespérides, en las laderas del monte Atlas, donde los jadeantes caballos del carro del Sol terminaban su viaje.
Con respecto a su número, las distintas versiones no son unánimes. Por lo general citan tres ninfas del atardecer, llamadas Egle, Eritia y Hesperaretusa, es decir, la «Resplandeciente», la «Roja» y la «Aretusa de Poniente», nombres que recuerdan los matices del cielo cuando el Sol va hacia su ocaso: la puesta de sol. Entonces el cielo se pone verde, amarillo, rojo, violáceo, como las manzanas en plena fructificación, y el Sol, cortado por el horizonte como una media manzana carmesí, halla la muerte dramáticamente en las olas occidentales. Cuando desaparece el Sol, aparece Héspero, la estrella de la tarde o estrella vespertina (el planeta Venus), consagrado a la diosa del Amor, Afrodita.
Nuestra Geografía andaluza y nuestra propia Historia también han sabido testimoniar ciertos reflejos de estas bellas leyendas, donde la Historia se hace poesía y la Geografía, fantasía.

Ana Lomas Fernández.
Presidenta de Hespérides.

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